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Productividad y calidad, dos ejes en la industria del aceite de oliva

Productividad y calidad, dos ejes en la industria del aceite de oliva

15 de enero de 2018

Diferentes empresas forman parte de este rubro, cada una con su estrategia de producción y comercialización. Pero existe un consenso a la hora de hablar de avances en este sector: producir calidad.

Se trata de una industria relativamente nueva en el país, lo que se advierte en el hecho de que las plantaciones más antiguas tienen unos diez o doce años. Así es que al rubro del aceite de oliva aún le falta madurar en términos productivos, es decir, estabilizar las producciones con manejos agronómicos de los que aún se requiere información. Y es que existen algunos vacíos de poda, fertilización y riego, que permitan asegurar la rentabilidad del campo para que así los inversionistas decidan seguir creciendo.

Este es el análisis que realiza Álvaro Ried, gerente general de Olivares de Quepu, y que explica el hecho de que las inversiones del rubro estén estancadas, lo que a su vez genera que no se vaya a crecer mucho en cantidad de hectáreas. Para esta compañía la generación de valor pasa entonces por la calidad del aceite y, particularmente, por la venta a granel a clientes que lo valoren. La cantidad de marcas europeas presentes por ejemplo en los supermercados de Estados Unidos es muy superior a la chilena, lo que hace difícil para nuestra industria cubrir ese tipo de mercados. Así es que en la empresa Qori —que vende el 60% de su producción a granel y el resto embotellado— también han optado por la diferenciación en base a la calidad a través de un contacto directo con los clientes. “Tratamos de contactar compradores que son de nicho, que andan buscando calidad específicamente. Contactarlos personalmente, yendo a ferias y mostrando el aceite. Esa es un poco nuestra estrategia: buscar algún nicho y mostrar las diferencias que tenemos en relación con otros productores”, explica Héctor Troncoso, director agrícola de la compañía.

Con este objetivo en mente y dado que hoy en día se están enfrentando buenos precios, ahora las estrategias de las empresas apuntan a incrementar su capacidad de producción.

Por un mayor volumen

Una estrategia de manejo agrícola y que califican de agresiva es la que posee el Holding Pie de Monte. Y es que la mente está puesta en el aumento de la productividad en el mediano plazo por lo que la tarea es invertir en una operación costosa, relacionada con el manejo del campo, en áreas como sistemas de fertilización y manejo de poda, todo esto pensando que va a traer una mejor producción en los próximos cinco años.

Pero también cuentan con planes para el área industrial, en la que van a crecer en dos líneas. Una de ellas se trata del aceite de segunda extracción. Según explica Paulo Baytelman, gerente general de HPDM Agroindustrial, el aceite extra virgen muchos lo conocen como la primera prensada o extracción, pero existe la posibilidad de que el subproducto de la primera fabricación se vuelva a repasar. “Ese repase te da una segunda extracción de aceite, que es de menor calidad pero que tiene su mercado. No hacíamos esto pero invertimos en maquinaria y a partir de este año lo estamos implementando”, aclara.

Sin embargo el principal cambio apunta a contar con una mayor capacidad de producción, con lo que básicamente se está pensando en volumen, ya que en términos de calidad existen metodologías claras. Y en este sentido ejemplifica con el momento de la cosecha, factor que toma vital relevancia. “Si cosechas antes puedes obtener un aceite de buena calidad pero seguramente te vas a quedar corto en el volumen. Si cosechas muy tardíamente vas a tener más aceite pero de muy inferior calidad. Después todo el proceso de producción propiamente tal, como temperatura, tratamiento del aceite y almacenamiento, entre otros factores, también condicionan la calidad pero es un proceso bien estandarizado y conocido por los productores”.

Hoy en día esta compañía alcanza los 10.000 kilos de fruta por hectárea pero aspiran a llegar a los 15.000. Asimismo, en aceite se encuentran en los 1.600 kilos por hectárea y buscan alcanzar entre 2.000 y 2.200 kilos por hectárea.

Similares planes, en términos de apuntar al incremento de la capacidad de producción, son los que tienen en Qori. Actualmente se encuentran iniciando un nuevo proyecto de plantaciones que les permitirá duplicar la producción en los próximos tres años, lo que a su vez los llevará a modificar la planta de proceso y aumentar las bodegas y las líneas de embotellado. Según consigna Troncoso hoy producen 130 mil kilos de aceite y ya el próximo año pasarán a más de 200 mil kilos.

Asimismo, la estrategia para Olivares de Quepu pasa por maximizar la productividad por hectárea de manera de disminuir el costo por kilo. Y es que los costos de producción pueden llegar a ser un dolor de cabeza para los productores, especialmente los que se relacionan con la mano de obra que realiza la cosecha. Sin embargo un beneficio que presenta el olivo es que permite la mecanización.

Mecanización: Un gran beneficio

La industria chilena de olivos es una que se considera nueva, por lo que se plantó pensando en la mecanización. Es así como el grueso de las plantaciones se realizaron bajo sistemas intensivos y súper intensivos, que permiten este tipo de tecnología.

Para sus tres variedades, Arbequina, Frantoio y Coratina, la empresa Olivos Olimpo tiene un 90% de las plantaciones con un marco súper intensivo y el 10% restante con intensivo. Según explica David Scott, gerente general de la compañía, esto les permite que la gran parte de las labores agrícolas y la cosecha sean mecanizadas, lo que tiene varios beneficios tales como costo agronómico, tiempos de aplicación y obtención de mejor fruta y aceite.

Como un aspecto clave califica Baytelman la cosecha mecanizada, ya que de no contar con ella los costos de producción serían más altos y la estructura de la industria sería menor. Y es que efectivamente existe una gran diferencia en los valores de cosecha. En la empresa Qori ejemplifican que pueden tener un costo de $30 por kilo cosechado de forma mecánica, el que puede llegar a $180 si se realiza de forma manual. “En ese rango está la viabilidad de los proyectos, entonces obliga a mecanizar todos los procesos”, concluye Troncoso.

De esta manera, el grueso de las plantaciones nacionales cuenta con cosecha mecanizada, dado que además existen diferentes opciones. Baytelman cuenta que el productor que no puede realizarlo con las máquinas cabalgantes, utilizan los shackers —una máquina con una especie de brazo que bate el árbol—. “Es un proceso más lento pero también mecanizado”, sostiene.

La cosecha temprana, un rol fundamental

Como en toda especie frutícola existen puntos en el manejo agronómico de los que se deben preocupar para mantener una productividad en el tiempo. En el olivo esto toma vital relevancia ya que cuenta con el problema de añerismo, es decir, que algunos años produce más y otros menos. Así es que a juicio de Álvaro Ried es esencial el buen manejo del riego, la poda y la fertilización.

No existe una receta única en el manejo agronómico ya que hay diversos factores que influyen en la producción, tales como el clima, suelo, agua y marcos de plantación. Pero precisamente para reducir el añerismo en la empresa Olivos Olimpo se preocupan principalmente de la cosecha y de hacer temprano esta labor para que no exista una diferencia en producción de aceite entre un año y otro. Así lo explica Scott, quien sintetiza que el objetivo es producir el mejor aceite posible y de la forma más rentable. Una visión similar es la que poseen en la empresa Terramater.

Precisamente para Alberto Meléndez, jefe de Planta de Extracción Aceites Peteroa, la cosecha temprana es el factor más relevante para extraer un aceite de oliva de una calidad superior. Aclara que se debe realizar con frutos que no tengan más de un 50% de envero (color) y usar variedades de alta calidad.

¿A granel o embotellado?

El aceite de oliva es un producto commodity con una posibilidad de diferenciación muy baja, por lo que es muy difícil obtener mejores precios que el valor de mercado. De esta forma, bajo la comercialización a granel los productores se enfrentan a un valor que está fijado externamente y respecto del que no se puede hacer mucho para modificarlo. Ante ese panorama es que Baytelman señala que lo único que se puede hacer para mejorar la rentabilidad es manejar los costos y productividad.

En el Holding Pie de Monte optaron por la producción a granel y si bien no descartan el embotellado, entendían que el negocio de ellos estaba centrado en la producción del producto propiamente tal, más que en el mundo comercial. El embotellado y la marca en sí requieren un esfuerzo comercial muy importante de ventas, posicionamiento y agencias internacionales que en su momento no quisieron explorar.

Otra empresa que ha optado por la comercialización a granel es Olivares de Quepu, donde consideran que bajo su modelo, en que son productores que comercializan, es más rentable, siempre y cuando se maximice la producción y se encuentren los clientes que estén dispuestos a pagar por la calidad. “Es más rentable si pones en la balanza toda la inversión que implica estar vendiendo envasado.

Pero el granel tiene un problema, que depende mucho de los precios internacionales, mucho más que el embotellado. Entonces cuando el precio internacional baja, el envasado de cierta manera puede mantenerse alto por un tiempo más largo, pero igual después va a tender a caer”, aclara Ried. Con los pro y contras de cada tipo de comercialización hay quienes optan por tener un mix de ambos. Este es el caso de Olivos Olimpo, donde creen que es mejor tener un equilibrio. “Hoy es muy atractivo vender a granel dado que los precios internacionales están muy altos, pero si miramos los valores de los últimos diez años, veremos que la diferencia entre años buenos y malos es de hasta US$ 2/kg de aceite. Por su lado, los precios de venta embotellado son estables en el tiempo pero es más difícil posicionarse y lograr volúmenes grandes de venta. Hoy nosotros vendemos gran parte del volumen producido a granel pero con el objetivo de que este disminuya a medida que crezcamos en nuestras ventas embotelladas”, señala David Scott.

Una mezcla de ambos modelos es la que también posee la empresa Qori, donde sin embargo creen que es más atractivo el embotellado. Esta compañía partió con un 90% de venta a granel, que después pasó a 80% para actualmente situarse en 60%. De esta manera han ido avanzando en la venta de embotellado. “Nuestro esfuerzo mayor es el embotellado, básicamente de bidones de cinco litros que es lo que más fácil se vende y entrando mucho con botellas de medio litro”, indica Troncoso, quien agrega que así el retorno por unidad es mayor.

“Es lento, por eso llevamos de a poco escalando. Pensamos que de aquí a dos años deberíamos cubrir vender más porcentaje de embotellado que granel”, añade. Por su parte, la empresa Terramater se vuelca a la comercialización de embotellado y aseguran que lo más rentable es producir un aceite de alta calidad y envasado, ya sea en formato de 500 ml o de 250 ml.

Diferentes empresas forman parte de este rubro, cada una con su estrategia de producción y comercialización. Pero existe un consenso a la hora de hablar de avances en este sector: producir calidad. Sólo el tiempo dirá cómo sigue creciendo, ya que si hay algo por lo que Chile es reconocido en el exterior, es precisamente por la calidad de sus productos.

Fuente: Mundoagro.cl