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El despegue de la inteligencia artificial en el agro chileno

El despegue de la inteligencia artificial en el agro chileno

30 de abril de 2018

Si bien el uso de máquinas capaces de tomar decisiones sin la dependencia de humanos está lejos de ser masiva, ya existen iniciativas en el país en la producción de alimentos, vinos y control de plagas que a futuro podrían revolucionar el sector.

En septiembre del año pasado, la decisión de John Deere de comprar en US$ 305 millones la empresa Blue River Technology, dedicada a desarrollar soluciones basadas en la inteligencia artificial para cultivos agrícolas, marcó un hito en la importancia que ha adquirido este tipo de soluciones para el agro a nivel global.

La compañía -formada en 2011 por alumnos de la Universidad de Stanford, con el peruano Jorge Heraud como director ejecutivo- hasta ahora ha desarrollado un sistema de fumigación capaz de identificar las malezas y aplicar plaguicidas solo en ellas, un software para drones que permite revisar en tiempo real el estado de los cultivos y una máquina para sembrar lechugas a gran escala. Todo bajo la denominada “machine learning”, un concepto que forma parte de lo que se conoce como inteligencia artificial, y que se refiere a la capacidad de las máquinas para aprender en forma automática de los datos y obtener patrones o tomar decisiones a partir de ellos.

Y aunque ese nivel de desarrollo tecnológico parezca lejano a la realidad local, eso no es así, pues ya existen en Chile emprendimientos y proyectos que van por la misma línea en la producción agroalimentaria y que buscan impactar en áreas como la producción sustentable de alimentos, mejorar la calidad de los vinos y el potencial de las uvas, y optimizar el control de algunas plagas, con desarrollos locales y únicos en el mundo.

“Esto se ha convertido en un gran cambio de paradigma. En la agricultura siempre ha habido muchos datos, pero el tema es que ahora se están empezando a aprovechar de una forma en la que los humanos no lo pueden hacer por sí solos, sino que dotando al computador de cierta inteligencia para resolver un problema en forma autónoma”, explica John Atkinson, director del Tech Center de la Universidad Adolfo Ibáñez, que por primera vez dicta este año un diplomado en inteligencia artificial orientado a distintos rubros.

El académico destaca que tuvieron que cerrar las inscripciones debido a la alta demanda que tuvo el diplomado, aunque advierte que la agricultura no es uno de los rubros líderes hasta ahora en el desarrollo de la inteligencia artificial. 

“A nivel mundial está muy fuerte en el área de negocios, retail y telecomunicaciones, porque en ellos se genera una cantidad de información altísima, y en Chile también se suma la minería, las finanzas y la banca”, detalla.

Reinventar los alimentos 

Con la idea de replicar alimentos de origen animal solo con elementos vegetales, los socios de The Not Company -Pablo Zamora, Matías Muchnick y Karim Pichara- comenzaron a trabajar con inteligencia artificial, primero para conocer las moléculas que conforman un alimento, y luego para buscarlas en otros ingredientes, básicamente en plantas, legumbres y semillas, y volver a componerlo, todo a través de Giuseppe, el computador que recibe la información y busca las soluciones.

Así nació The Not Mayo en 2015, una mayonesa que no tiene huevo, elaborada a partir de ingredientes como lupino y garbanzos, y en cuya producción se usa mucha menos agua, energía y superficie de tierra que para el producto tradicional.

“Nuestro interés es no usar animales para producir alimentos, por el maltrato que significa mantenerlos confinados para producirlos y por los costos que tienen para el medio ambiente. Si podemos generar una alternativa saludable sin hacer uso de este sistema agrícola que consideramos dañino, queremos hacerla con tecnología”, afirma Pablo Zamora, sobre la empresa que ya se ha convertido en referente en Chile sobre el uso de la inteligencia artificial en alimentos.

Los planes no se limitan a la mayonesa. Ya tienen diversos prototipos, entre ellos una bebida tipo leche que lanzarán este año al mercado, con las mismas propiedades nutricionales y sabor que la leche de vaca, pero elaborada solo con ingredientes vegetales.

“Se llamará The Not Milk. Mediante el uso de la inteligencia artificial buscamos compuestos que, combinados, permitan replicar el color, la textura y sabor de la leche de vaca, con propiedades organolépticas muy similares. Sería la primera alternativa a nivel mundial a la leche de vaca, porque se comporta como tal, sabe como tal y tiene los mismos nutrientes”, detalla Pablo Zamora.

Para llegar a estos productos, asegura que han tenido que generar mucha información y bases de datos para que Giuseppe pueda tener variables con las cuales trabajar, y adelanta que el desafío que viene es trabajar en una carne molida que replique el sabor, la textura y el olor de la carne de vacuno, pero usando plantas y hongos.

Potenciar la calidad de los vinos

Predecir el potencial de calidad que tiene una uva, para saber si destinarla a un vino varietal o premium en base a datos objetivos es la meta detrás del proyecto que lleva adelante desde comienzos de 2017 el Centro de Extensión de UC Davis en Chile, enfocado en la cepa cabernet sauvignon, en distintas regiones del país.

A través de marcadores químicos o patrones que miden distintos atributos específicos de las uvas, que se asocian a cualidades o defectos de color, olor, gusto o sensación en la boca, los investigadores pretenden llegar en un plazo de tres años a desarrollar un modelo de predicción con inteligencia artificial, que permita relacionar las características de las uvas con la calidad de vino que se puede llegar a producir con ellas.

“La calidad de un vino siempre ha estado asociada a ciertas condiciones geográficas y su evaluación objetiva va a permitir maximizar el impacto sobre la transparencia a la hora de comprar uvas, evaluar una zona productiva y maximizar el valor de cómo las compañías están categorizando sus cuarteles, para aumentar la eficiencia”, explica Camila Saavedra, coordinadora del Programa de Viticultura y Enología de UC Davis Chile, en un proyecto que llevan adelante con la Universidad de Talca y la Viña San Pedro.

Para llegar al modelo final, que pretenden tener listo el próximo año, comenta que ha sido clave ampliar las muestras de uvas, porque mientras más grande sea la base de datos, mayor es la representatividad posible del cabernet sauvignon en Chile y mejor funcionan las herramientas de inteligencia artificial.

“Tenemos los datos de las uvas, luego hacemos microvinificación con ellas y tenemos información de los vinos y su evaluación sensorial, para poder llegar a decir qué atributos son importantes para ciertas calidades de uvas, si juegan en contra o como atributos positivos”, dice Camila Saavedra.

Por ahora, el modelo está pensado para los objetivos y parámetros de calidad que tiene la viña que está participando, pero a futuro no descartan ofrecer la tecnología como un servicio para toda la industria, e incluso exportarla o sumar otras cepas.

“Ampliarnos a países vecinos podría ser interesante y también a California, sobre todo sabiendo que cabernet es una variedad tan universal”, proyecta.

Controlar las plagas

Amigos desde el colegio, pero con trabajos independientes, los ingenieros Antonio Cabreira y Daniel Jiménez tenían el sueño de desarrollar un proyecto en conjunto, que mezclara el gusto de ambos por la tecnología y el cuidado del medio ambiente, algo que concretaron en 2015, cuando decidieron postular al Desafío Lobesia botrana del Centro Telefónica I+D, con el que ganaron y dieron un vuelco en sus vidas.

“Eso nos permitió conocer la problemática que había con esa plaga, y desarrollamos un dispositivo muy parecido al actual, que utiliza papel pegante con feromonas para atraer a los insectos, pero con un panel solar y una cámara que apunta a la trampa y toma una foto diaria, la que se procesa y nos avisa si hubo una captura”, explica Antonio Cabreira, sobre la parte central del servicio que ofrece Neltume.

En la temporada que viene comenzarán a instalar los dispositivos en distintos campos, para lo cual ya tienen un convenio con Asoex y conversaciones avanzadas con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), ya que al existir la cámara y enviar la información directo a un servidor, disminuyen los costos de traslado y revisión de las trampas, además de aumentar la eficiencia en la detección oportuna de la presencia de la plaga.

El sistema utiliza inteligencia artificial, porque va aprendiendo de los datos que se van ingresando -en este caso, los pixeles de las imágenes- y diferencia si se trata del insecto de la plaga u otro elemento.

“En el camino le vamos a ir enseñando de otras plagas, para que las diferencie de otras especies que puedan aparecer. El monitoreo actual implica tener personas haciendo recorridos trampa por trampa, con muy pocas muestras para tomar decisiones, por lo que el costo por dato es muy alto”, detalla Antonio Cabreira.

Sin embargo, las posibilidades de Neltume son más amplias, porque el mismo dispositivo tiene sensores de temperatura y humedad que les permite entregar un servicio de datos más completo para los productores, para tomar decisiones en cuanto a la mejor oportunidad para aplicar plaguicidas, con un costo anual fijo.

La solución de Neltume para controlar plagas -que también opera para monitorear insectos como la mosca de la fruta y otros- ya ha llamado la atención en Argentina y Estados Unidos, donde instalarán el sistema en siembras de maíz la próxima temporada.

“Ya estamos en conversaciones con ProChile para internacionalizar el negocio, porque los problemas son los mismos en todas partes y podemos ofrecerles una solución”, proyecta Antonio Cabreira. 

Fuente: Revista del Campo