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Dólar continúa a la baja

Dólar continúa a la baja

27 de febrero de 2018

Con perspectivas de buenas cosechas, precios altos de la mayoría de los cultivos y mercados en expansión, el 2018 se presentaba en el horizonte como una temporada cercana a lo soñado. Pero el negocio agrícola se sostiene sobre pilares inciertos: el clima, lo que ocurra en otros países –competidores o consumidores- y, en este caso, el valor del dólar. Así, exportadores y agricultores han tomado su calculadora para tratar de estimar cómo puede afectar la actual caída de la moneda norteamericana, que es moneda de cambio para entre el 75% y 90% de las exportaciones agrícolas chilenas.
 

Los últimos años los productores habían navegado con viento a favor si consideramos que a enero del 2016 el dólar valía $730, valor que contrasta con los $600 promedio que se ha presentado las últimas semanas. Si bien se trata de un movimiento por el que se justifica la inquietud, los analistas coinciden en que no es para entrar en pánico ni mucho menos, más aún si se considera que el agro ha debido enfrentar situaciones más críticas no hace tanto tiempo, en enero del 2012, con un dólar a $481.


Uva: La más afectada

Con una caída en la rentabilidad que se hará sentir en todos los sectores exportadores y los que sustituyen importaciones, algunos ya señalan a aquellos cultivos que más lo sufrirán. Ricardo Ariztía, presidente de la SNA, indica que los rubros que se verán más afectados por el dólar bajo, son generalmente aquellos que ocupan más mano de obra, como “el caso de la uva de mesa y los arándanos, porque cuando las remuneraciones no tienen la variable del tipo de cambio, tienen el valor que están operando y al bajar el tipo de cambio se necesita más dólares para pagar las remuneraciones”.


La presidente de Uvanova, Carolina Cruz, califica el descenso del tipo de cambio como algo terrible para el sector. “Una merma del 8% en el valor del dólar, es decir bajar de $650 a $600, en términos de retorno campo, significa terminar con saldo neto cero, comparado con retornos de aproximadamente US$1,4/caja, luego de descontar los gastos”.


A simple vista se advierte que el sector pierde competitividad, y si se suma que esto ocurre en plena cosecha, la situación se hace más crítica. Según indica el director de Uvanova, Christian Urban, los productores de uva de mesa tienen costos de producción que se hacen más caros comparados con los países competidores. “Los elementos de la competitividad son precio, costos y tipo de cambio, y desde el 2004 los costos han subido permanentemente”.


Dado que la uva de mesa es una de las exportaciones estrellas del sector agrícola, la baja del tipo de cambio hace que se enciendan las luces de alerta. Arturo Miquel, asesor de uva de mesa, explica que de los costos totales de la producción, el 60% – 65% corresponde a mano de obra, que es pagada en pesos chilenos. “Por lo tanto cuando los productores reciben menos pesos por dólar, más alto será el costo marginal de la mano de obra”.


Una de las propuestas para los productores de uva de mesa es realizar el cambio del parrón tradicional a sistemas que permitan una mayor eficiencia en el uso de la mano de obra, como es el sistema Open Gable, que baja la altura de trabajo e independiza las hileras, con lo que se optimiza la labor del operario y permite mejorar el manejo de luz al centro de las hileras. Carolina Cruz tiene muy clara la realidad de la producción de uva de mesa: “el uso de la mano de obra es el talón de Aquiles respecto a otros frutales”.


Productividad en toda la cadena  

Si bien los agricultores se encuentran atados de manos respecto al tipo de cambio, ya que ellos no pueden intervenir en el precio internacional del dólar, sí pueden tomar algunas acciones y la principal es mejorar la productividad.


Ricardo Ariztía señala que la productividad está vinculada a reducir costos de toda la cadena de producción agrícola. “Tuvimos un periodo muy optimista cuando operábamos con un dólar a $650 y las inversiones que se hicieron en la agricultura son enormes y esperamos que se sigan haciendo. El mensaje a los agricultores es mejorar la productividad como sea, de tal manera de compensar el 8% que hemos dejado de recibir en un momento que estamos en plena cosecha y por lo tanto en pleno ingreso de dólares”.


La opinión es compartida por Juan Carlos Sepúlveda, Gerente General de Fedefruta, quien indica que la productividad pasa por mejorar la competitividad, “lo que claramente puede lograrse generando mayor inversión, que a su vez necesita de un precio de dólar alto”.


Uno de los principales gastos de la actividad agrícola se encuentra enmarcado en el uso de la energía. Para el economista de Quiroz & Asociados, Jorge Bravo, la irrupción de las energías renovables no convencionales ha generado un cambio estructural en materia de costos de energía a nivel país. “A partir de su entrada al sistema eléctrico, por medio de las licitaciones de consumos regulados, los precios de la energía han disminuido considerablemente desde un promedio de 107 US$/MWh en el año 2014 a 32,5 US$/MWh en la última licitación, con un 100% de ERNC.  Todo lo anterior ha tenido efectos directos en precio de la energía de clientes libres, motivando renegociaciones de contrato en condiciones más ventajosas. Se prevé que en los próximos años este proceso se profundice, permitiendo al sector beneficiarse directamente de los menores costos de energía a nivel país”.


La misma percepción tiene Ronald Bown, presidente de Asoex, quien indica que hoy el sector se encuentra con costos más bajos en energía y combustibles que años atrás. “Aquí lo importante no es el precio puntual del dólar, sino que el hecho de que se ubique bajo los $600 sea una condición de largo plazo o transitoria, pues si es transitoria no revestiría grandes problemas”.


Resguardos a utilizar  

Existen instrumentos financieros que algunos agricultores utilizan cuando la curva del tipo de cambio se observa a la baja. Jorge Bravo da cuenta de los forwards, “que se utilizan principalmente en el mercado local y que son contratos entre dos partes para la compra y venta de dólares a un precio fijo en una fecha determinada. A estos se suman los futuros, que son similares a los forwards pero que transan periódicamente, y otros instrumentos ofrecidos por la banca local como créditos en dólares y opciones de tipo de cambio”.


Los agricultores deben de considerar que estos instrumentos permiten cubrir riesgos cambiarios en el corto plazo, y a juicio de Bravo, “no constituyen por tanto una solución para niveles de tipo de cambio permanentemente bajos.  Para esto último, y como es tradicional, medidas que incrementen la competitividad del sector son la respuesta natural para enfrentar estos episodios”.


No todos los actores de la industria agrícola nacional observan estos instrumentos de forma tan positiva. Para Ronald Bown poseen una compleja estructura y no son para todos. “Hay que tener un departamento de finanzas adecuado a las necesidades del negocio, para saber a qué tasa de tipo de cambio obtienes la rentabilidad que deseas, y así tomar los forwards”.


Para Sepúlveda los forwards permiten anticiparse y cubrir los riesgos financieros que pueden ocurrir en el futuro. “Sin embargo, todos estos instrumentos entregan soluciones a corto plazo, lo que no permite cuidar al sector a largo plazo; pensando en que las inversiones pueden ser a diez o más años en algunos casos”.


A pesar de los elementos positivos y negativos que presentan los instrumentos financieros, el economista Jorge Bravo añade: “mi sensación es que el sector se ha sumado a la tendencia país de mayor uso de los instrumentos de cobertura de tipo de cambio”. El sector agrícola en general tiene muy claro los ciclos del tipo de cambio, que en algunos periodos favorece con un dólar que ronda los $700 o bien, llegar bajo los $500. Los agricultores esperan que esta situación se revierta y puedan obtener mayor rentabilidad por las exportaciones, pero en el caso que continúe bajado es el momento de analizar si pueden invertir en tecnología y maquinaria. De cualquier manera, para que los vaivenes cambiarios atenúen su impacto la solución pasa por mejorar de una buena vez la productividad.

 

Fuente: Mundoagro.cl