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¿Cómo vienen las intenciones de siembra para este 2018?

¿Cómo vienen las intenciones de siembra para este 2018?

01 de mayo de 2018

El alza de los precios internacionales de los cereales y oleaginosas genera buenas expectativas. Los más beneficiados son el raps y el lupino, apoyados por la fuerte caída de la soya argentina y la demanda de la industria salmonera.

Alfredo Wahling tiene la mirada puesta en los próximos meses. El productor de Ñuble debe decidir qué y cuánto sembrar en el nuevo año agrícola. En la pasada temporada sembró 40 hectáreas de trigo y la misma área de maíz. 

Wahling debe sopesar tanto los resultados de la última cosecha, los costos de los insumos y hacia dónde apuntan los precios futuros de los commodities agrícolas. 

Luego de años complicados para los cultivos anuales, con precios internacionales bajos, los agricultores chilenos tienen poco margen para tomar una decisión equivocada. 

“El año pasado supe de varios campos arrendados que se entregaron. Los agricultores están complicados tras varias cosechas de precios bajos y altos costos. De hecho, las perspectivas en la última cosecha no eran buenas. Sin embargo, el escenario es mejor al que se preveía”.

El productor explica que a pesar de la fuerte baja del dólar desde 2017, los precios internacionales han mostrado una recuperación en los últimos meses.

“Hay mejores perspectivas, pero el golpe de los últimos años fue duro y la recuperación será lenta”, sentencia Wahling. 

Más al sur, en La Araucanía, Pedro Nickelsen asume no tener claras las razones tras la recuperación del valor del trigo, aunque le viene bien.

“Los agricultores no podemos controlar el precio. Lo único que nos queda es trabajar para tener los mejores rendimientos posibles”, sostiene Nickelsen.

En todo caso, el agricultor explica que en el raps, otro de los cultivos en que está presente, también hay un alza en los valores. De hecho, espera que el país aumente la siembra de esa oleaginosa. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. El escaso valor de la avena, incluso bajo el costo de producción, afectaría su superficie en la nueva temporada. 

Al otro lado de la cordillera, en Argentina, Dante Romano, analista de mercado de FYO, explica que el mercado internacional de los cereales y oleaginosas enfrenta una situación diferente a la de los últimos años. 

“Veníamos de tres campañas muy buenas y con rindes elevados, lo que había llevado los precios a la baja. Esta es la primera cosecha con problemas. Eso sí, en un país, Argentina”, afirma Romano. 

El profesional recuerda que los trasandinos proyectaban una producción de 40 millones de toneladas de maíz, pero terminarían cosechando solo 32 millones de toneladas. Mientras tanto, en la soya se alcanzarían los 37 millones de toneladas, frente a los 54 millones de toneladas planificadas inicialmente. 

Romano, eso sí, cree que elementos como la superficie sembrada en Estados Unidos comenzarán a marcar el destino de los cultivos extensivos en los próximos meses. 

Aunque Chile es un tomador de precios de los mercados internacionales, también es cierto que factores internos, como las estrategias de compra de los molinos o las empresas productoras de alimentos para salmones son variables importantes. 

A continuación, algunos de los elementos que están marcando las decisiones de siembra para el año agrícola 2018-2019.

Buen ritmo del raps 

Los agricultores de raps son aves madrugadoras. Mientras en cultivos como el maíz o el arroz todavía queda una superficie mínima por cosechar, los productores de raps ya terminaron de sembrar. Por eso, son un índice interesante del estado de ánimo en los cultivos anuales. 

Alex Strodthoff, gerente general de empresas Agrotop, explica que en la última temporada el rendimiento nacional de raps estuvo en torno al promedio de los últimos 3 años, unos 40 quintales por hectárea. 

“No estamos contentos con estos rendimientos. Necesitamos acercarnos más a los rendimientos potenciales, que debiesen estar al menos 20% por sobre los obtenidos en la temporada recién pasada. Las condiciones edafoclimáticas de nuestro país y las variedades existentes nos debiesen permitir llegar a esos niveles de rendimiento, si son acompañadas de una gestión agrícola completa y oportuna”, sostiene el ejecutivo. 

En el sector se afirma que las condiciones climáticas, especialmente las lluvias, provocaron un freno al potencial de producción del raps en la última campaña. Mientras tanto, la baja de la producción de soya, base para la producción de aceite, en Argentina, fortaleció el precio de las oleaginosas a nivel mundial. 

Los molinos procesadores respondieron con un alza de los precios, que llegaron en torno a los $26.000 el quintal, mil pesos más que en la campaña anterior. 

“Por un aumento en la demanda local, los precios estuvieron relativamente altos en relación a las paridades de importación de aceite de canola canadiense, favoreciendo el margen agrícola”, sostiene Alex Strodthoff.

Rodrigo Delarze, asesor agrícola de Empresas Gorbea, sostiene que “la industria salmonera se ha recuperado y la demanda por alimentos es sólida. La mejora de los precios hizo que más agricultores se interesaran por sembrar raps en este nuevo año agrícola”.

De hecho, en el rubro se estima que la superficie de raps debería subir 10% en 2018-2019 respecto de la última campaña, en que se sembraron 49.000 hectáreas. Todo un hito, si se considera que el raps es el más caro de producir de los cultivos anuales en el sur de Chile. 

Trigo firme 

“Una de las características centrales del trigo, a diferencia de la soya o el maíz, es que tiene una producción muy atomizada en el mundo. Por eso se da una situación en que los precios están altos, a pesar de que todavía hay altos stocks a nivel global”, sostiene Dante Romano, analista de FYO. 

Romano sostiene que los inversionistas especulativos reaccionaron a las noticias de una baja en la producción triguera de Argentina. Durante mayo deberían cerrarse las siembras en EE.UU., por lo que el mercado está a la espera de tener datos firmes para fijar un nuevo piso de precios. 

“Hasta junio o julio, los valores del trigo deberían estar firmes. Todo va a depender de cuánta superficie finalmente se siembre y cómo se comporte el clima hasta esa fecha”, explica Romano. 

En todo caso, la menor oferta de Argentina y su gran concentración en Brasil, país que también tuvo una cosecha baja, junto a la posibilidad de que la producción de EE.UU. no tenga grandes cambios, aumenta las probabilidades de precios estables para el trigo. 

El ajuste de la avena

El reverso del raps es la avena. Los molinos han ofrecido precios en torno a los $88 por kilo. Eso sí, cuando han salido a comprar. 

La situación de los agricultores es compleja, pues se estima que el costo de producción está en torno a los $100 el kilo. Por eso una cantidad importante de productores se ha negado a vender. 

“Conozco el caso de agricultores que van en la tercera cosecha guardada de avena”, explica Pedro Nickelsen. 

 Entre los procesadores de avena se argumenta que la situación actual es el resultado de los altos precios de la temporada
2016-2017, en que llegaron a pagarse cerca de $150 por kilo. El alto precio de aquella temporada habría provocado una pérdida de competitividad de la avena chilena en los mercados internacionales. La situación derivó en una sobreoferta de avena en el mercado local y una abrupta caída de precios en la cosecha recién pasada. 

“La evidencia empírica y las perspectivas comerciales indican que a estos niveles de precios la demanda se reactivará y la avena volverá a recuperarse en precios, probablemente en torno a los $100 el kilo. Es difícil predecir el momento en que ello ocurra, probablemente sea a fines de año. Nosotros estamos haciendo una serie de esfuerzos destinados a posicionar estos productos en nuevos mercados, principalmente en Asia, para así intentar diversificar el número de destinos y con ello la demanda. Hasta el momento hemos podido avanzar bien en ello”, explica Alex Strodthoff.

Lupino sonríe por alza de precios de la soya 

Aunque las luces se las llevan los cultivos más grandes -como el trigo, el maíz o el raps- el lupino tiene una o dos cosas que decir. El último año se sembraron cerca de 20 mil hectáreas y, a pesar de su bajo perfil, los resultados fueron muy interesantes para los agricultores. 

“El lupino ha tenido un desempeño positivo arrastrado por el alza de los precios internacionales de las proteínas. La soya ha subido más de 20% su precio y con ello el lupino se ha visto favorecido. Nosotros invertimos en una nueva línea de procesamiento de este grano y esperamos poder seguir creciendo con él hacia el futuro. Los precios seguirán indexados al desempeño de la proteína, principalmente de EE.UU. y Argentina. En el caso de la soya de Argentina, sabemos que tuvo un muy mal desempeño, como consecuencia de la sequía en ese país”, sostiene Alex Strodthoff. 

Si se tiene en cuenta que la soya en EE.UU. debería llegar a 36 millones de hectáreas sembradas en 2018, 1% menos que el año pasado, el panorama luce sólido para el lupino chileno. 

Remolacha amarga

“Nos ha golpeado una coyuntura de precios internacionales bajos del azúcar y la baja del dólar. Nuestros ingresos son en esa moneda”, sostiene Jorge Guzmán, presidente de la Federación de Productores de Remolacha, Fenare.

 El dirigente explica que en su rubro están iniciando la cosecha, pero que Iansa, el único poder comprador, anunció una baja de US$ 4 por tonelada para las siembras de 2018, con lo que el ingreso de los productores llegaría a los US$ 47 por tonelada. 

Sobre el sector, además, hay alerta por la posibilidad del cierre de la planta de Linares de Iansa, que la empresa ligó a la contratación de una superficie mínima en los alrededores. 

En la Fenare estiman que de hacerse efectivo el cierre de la instalación, un agricultor promedio que abastecía a Linares debería agregar 5 toneladas de costo por el transporte a la planta azucarera de Chillán. Un factor relevante si se considera que el costo de producción de la remolacha está en torno a las 100 a 110 toneladas, mientras que el rendimiento promedio está en torno a las 114 toneladas por hectárea.

“En Chile tenemos un récord de productividad a nivel mundial. Sin embargo, dadas las actuales condiciones, la única posibilidad para mantenerse en el rubro es apuntar a rangos aun más altos”, sostiene Jorge Guzmán. 

Arroz con buena rentabilidad

Mientras la mayoría de los cultivos anuales recibieron buenas noticias recién en 2018, los arroceros llevan más tiempo bailando con la bonita. 

Carlos Cisternas, consultor de arroz y responsable de la producción de 1.000 hectáreas, explica que la superficie aumentó en la última temporada respecto de la anterior. La explicación pasa por la recuperación de las precipitaciones en la zona centro sur y los buenos precios de 2016-2017. De hecho, la superficie subió a 27 mil hectáreas en 2017-2018, seis mil hectáreas más que en el ejercicio anterior. 

Hasta la semana pasada, ya se había cosechado cerca de la mitad del arroz. La media nacional estaría en torno a los 67 quintales por hectárea. 

“Los rendimientos están siendo aceptables, con algunas dificultades de agua en ciertos sectores, temperaturas bajas en momentos críticos y malezas de manera importante”, sostiene Cisternas.

El asesor sostiene que aunque el precio en la actualidad es entre 10% y 12% menor que el año anterior -por el valor del dólar y baja del precio internacional-, sigue otorgando rentabilidad positiva para los arroceros. 

“Si el abastecimiento de agua es similar a esta temporada, la superficie se mantendrá”, remata Cisternas, aunque agrega que todavía hay que esperar para ver cómo se comportarán los precios internacionales. 

 Maíz estable

Como productor de maíz en Negrete, Región de Biobío, Gastón Maynet está en el grupo de los últimos maiceros en cosechar en el país. Calcula que a mediados de mayo debería cerrar el año. No quiere arriesgarse a que una lluvia le impida ingresar a los potreros. 

Al igual que otros maiceros de la zona centro sur, Maynet está enfrentando el efecto de las mayores lluvias invernales. Las precipitaciones atrasaron las siembras en 2017, lo que ahora se refleja en granos con una humedad más alta que lo tradicional para esta época. 

El dato de la humedad es relevante para los retornos de los maiceros. Maynet explica que bajar un grado de humedad por kilo cuesta dos pesos. En la actualidad el maíz sureño está en torno a los 20° a 21° de humedad. Para comercializarlo como maíz seco debe llevarse a 14,5° de humedad. Como referencia, los poderes compradores están ofreciendo en torno a los 140 pesos por kilo de maíz. 

“Los precios, más allá de las alzas de los últimos meses, están en niveles similares a los del año pasado. Creo que para la próxima siembra se va a mantener la superficie. Lo que sucede es que las alternativas que tenemos en la zona, como la remolacha, están más complicadas”, sostiene Maynet. 

37 millones de ton de soya produjo Argentina, elevando el valor de los aceites.

10% subiría la superficie en cultivo de raps en el año agrícola 2018-2019.

Fuente: Revista del Campo